Año 2026 · Nº 2101
Crónica Central

Lo que pasa, contado completo

México

La inteligencia artificial y el desafío de los bienes comunes digitales

El modelo de Elinor Ostrom sobre la gestión de recursos compartidos cobra vigencia ante el desarrollo desmedido de la inteligencia artificial.

Redacción Crónica Central
Foto: eleconomista.com.mx

La inteligencia artificial enfrenta hoy una problemática económica clásica conocida como la tragedia de los comunes, un concepto analizado profundamente por la economista Elinor Ostrom, primera mujer en recibir el Premio Nobel de Economía. Este fenómeno ocurre cuando individuos, actuando de manera independiente y racional, agotan un recurso compartido en contra de los intereses a largo plazo de toda la colectividad. En el contexto actual de México y el mundo, los datos de acceso abierto y la infraestructura de cómputo se perfilan como los nuevos bienes comunes sujetos a esta tensión.

Elinor Ostrom demostró que la gestión de recursos compartidos no requiere necesariamente de una privatización total ni de una regulación estatal centralizada y rígida. A través de sus investigaciones, propuso que las comunidades pueden establecer reglas propias, monitoreo efectivo y mecanismos de resolución de conflictos para evitar el agotamiento de los recursos. Este enfoque se vuelve fundamental cuando se discute cómo las grandes plataformas tecnológicas acceden a volúmenes masivos de información pública sin mecanismos claros de gobernanza o retorno social.

Expertos en tecnología y académicos en el país han comenzado a señalar que, sin una estructura de gobernanza colaborativa, la carrera por el desarrollo de modelos de lenguaje podría derivar en un entorno donde la calidad del conocimiento se degrade rápidamente. La propuesta que circula en diversos foros académicos sugiere que el Estado mexicano, en coordinación con instituciones como el CONAHCYT, podría fomentar la creación de repositorios de datos soberanos bajo principios de gestión comunitaria. Esto permitiría que el desarrollo tecnológico no dependa exclusivamente de intereses privados, protegiendo así el patrimonio intelectual colectivo.

La aplicación de los principios de Ostrom al ecosistema digital mexicano implica reconocer que el conocimiento generado por la sociedad es un activo que debe preservarse. La tendencia actual apunta hacia la necesidad de construir marcos regulatorios que incentiven la transparencia y la participación ciudadana en el uso de los datos. De esta forma, se busca que la innovación tecnológica contribuya al desarrollo nacional sin comprometer los recursos de información que pertenecen a todos los mexicanos.

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